Hernán Cortés
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Hernan Cortes
     
 

La Conquista de México

Según la "Historia total de España" de Ricardo de la Cierva...

Un especialista norteamericano en historia mundial militar, lector asiduo, a lo que se ve, del mariscal Montgomery, acaba de publicar, según veo en la prensa del 17 de septiembre de 1997, una lista con los cien mayores generales de la Historia. En ella figuran dentro de los primerísimos puestos, entre Napoleón, Alejandro y Julio César, los dos grandes conquistadores de Carlos V, Hernán Cortés de México y Francisco Pizarro del Perú. Un poco más abajo, en lugar inferior a sus méritos, el Gran Capitán Gonzalo Fernández de Córdoba. La lista prescinde de consideraciones morales y humanitarias; en ella están presentes Hitler y Gengis Kan. Sólo tiene en cuenta la sabiduría y eficacia militar y es un nuevo reconocimiento a la gesta, realmente asombrosa, de Cortés y Pizarro que con fuerzas españolas mínimas se apoderaron de los dos imperios más poderosos de la América precolombina.

Hasta el año 1520, es decir durante los primeros treinta años de su presencia en las islas del Caribe, los españoles habían conquistado parte de las Antillas y el istmo de Panamá. En los veinte años siguientes tomarían por la espalda a la América del Norte y la del Sur y lograrían las dos conquistas más importantes en el Continente. Los españoles cedieron a su fascinación por el Pacífico —el Mar del Sur—. Camina­ban guiados por la sed del oro y nunca lo negaron; pero para ellos no existía contradicción alguna con su propósito evangelizador, que desde Colón en el siglo XV al ya beato Junípero Serra en el XVIII siempre actuaba con carácter preferente en la mentalidad de los grandes conquistadores, exploradores y misioneros españoles. La conquista y la evangelización marcharon unidas, pese a que hoy una sospechosa explosión de indigenismo poco menos que añora la época precolombina y abominable de la presencia de España. Seguramente tan extraños portavoces, que expresan sus protestas en lengua española, preferirían seguir viviendo en lo alto de sus cocoteros y bebiendo la sangre de sus víctimas humanas rituales.

 
     
 

Antes de las grandes conquistas los establecimientos de España en el Caribe vivieron en convulsión debida, en buena parte, a la incompetencia política de la familia Colón. En 1509 la Corona concede autorización para la búsqueda del otro Océano, el Mar del Sur. Y en la expedición de Alonso de Ojeda y su segundo figura un soldado extremeño llamado Francisco Pizarro y se cuela un polizón de la Española cuyo nombre era Vasco Núñez de Balboa. Después de innumerables aventuras y alguna rebeldía, Balboa se interna en la selva del istmo panameño con doscientos españoles, descubre desde unas alturas imponientes el nuevo Océano y toma posesión de él el día 25 de septiembre de 1513; un descubrimiento cuyos ecos llegaron a todo el mundo. De España vino como gobernador de las tierras centroamericanas Pedrarias Dávila, que sospechó de Balboa y le ejecutó por (falsa) traición.

Desde la isla Española, plaza de armas de España en el Caribe, el esfuerzo expansivo principal se dirigió a la isla de Cuba, donde el gobernador Diego Velázquez contaba entre sus encomenderos a otro extremeño, Hernán Cortés y a un inquieto observador de la conquista, Bartolomé de las Casas. Una expedición salida de Cuba volvió en 1517 del Yucatán donde los mayas les dieron noticias seguras sobre un fabuoso imperio —el de los aztecas— que llegaba hasta sus tierras. Otra expedición, la le Grijalva, volvió a Cuba con el nombre del gran emperador Moctezuma

Hernan Cortes  
   
 

Hernán Cortés había nacido en la villa extremeña de Medellín en 1485 y su famiia era hidalga sin recursos. Estudió un bienio en Salamanca, combatió en Italia y en 1504 pasó a Indias. Acudió a la conquista de Cuba como secretario del gobernador Diego Velázquez, pero se enfrentó con éste dentro de las banderías que dividían los habitantes de la Española. El 18 de noviembre de 1518, sin obedecer las órdenes de Velázquez, zarpa con una agrupación militar en la que figuraban cinco capitanes del clan de los Alvarado. Cortés se atuvo a un primer encargo de Velázquez que e enviaba para explorar el imperio de Tierra Firme y decidió hacerlo por su cuenta. Llevaba un centenar de tripulantes, 580 soldados y capitanes, 16 caballos y catorce piezas de artillería, más dieciocho arcabuceros expertos. Caballos y cañones aterraron a los indios que combatieron contra ellos en Tabasco y les ofrecieron un don valiosísimo: la india Malintzin, Maliche para los indios y Marina para los españoles, que la bautizaron; dio un hijo a Cortés y actuó como providencial intérprete para la expedición. Los indios llamaron también Malinche al propio Cortés.

La pequeña armada arribó a la isla de San Juan de Ulúa el Jueves Santo de 1519. Moctezuma, en su palacio de Tenochtitlán, recibió información pictórica de los españóles a quienes identificó como los hombres del mar que venían a cumplir una antigua profecía de los dioses aztecas. Cortés, desde sus primeras conversaciones con los enviados de Moctezuma, les hablaba de la religión cristiana y del emperador Carlos; y reprobaba los sacrificios humanos que formaban parte del ritual azteca.

Frente a la isla y con el fin de legitimar su empresa Cortés fundó la Villa Rica de la Veracruz, un municipio español cuyo concejo le nombró gobernador y capitán genieral, cargos que tras muchas discusiones confirmó Carlos V cuando Cortés, refrendado por su ejército, le comunicó la decisión municipal. Y ya acampado en el continente ordenó barrenar las naves y embarrancarías contra la costa.

En su largo camino hacia la capital del imperio azteca Cortés desplegó un sentido político equiparable a su calidad militar. Emprende su larga marcha el 16 de agosto le 1519 con cuatrocientos españoles, un millar de indios de carga, trece caballos y trece piezas artilleras. El imperio azteca se había establecido en fecha relativamente reciente y los pueblos que lo formaban no se sentían, muchas veces, vinculados a los niveles dominadores. Cortés tomó rumbo noroeste y luego lo varió a levante. El 2 de eptiembre venció a cuarenta mil hombres —superiores en proporción de cien a uno— del pueblo tlaxcalteca, enemigo de los aztecas y luego, con un supremo despliegue de habilidad política, les convenció para que se unieran a él contra los aztecas.

Leer más en:
"Historia total de España"
Ricardo de la Cierva
Editorial Fénix
Madrid 1997

 
   
 
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